El cuidado de nuestras raíces: identidad y memoria para construir justicia

Por Andrea Serna Hernández

La subdirectora de Diseño Digital y Medios Sociales de la Unidad de Memoria Histórica, Diana Aurora Correa, presentó recientemente la cápsula Humanismo Mexicano. En ella expone algo que debería ser evidente pero que hemos olvidado: el inmenso conocimiento que floreció en la antigua Mesoamérica. No hablamos solo de historia o símbolos, sino de ciencia, de cultura viva, de sistemas de pensamiento profundamente humanistas. Correa recuerda cómo los pueblos originarios desarrollaron astronomía, matemáticas y escritura, y cómo domesticaron más de cien especies vegetales fundamentales para la alimentación mundial, como el maíz, el chile, el cacao o el jitomate.

Pero ese legado no se queda en los alimentos. También está en la arquitectura monumental de Teotihuacán y Palenque, en los calendarios precisos, en la química aplicada a los tintes, en una forma de vida basada en la armonía con la naturaleza y el bien común. Ese es el verdadero humanismo mexicano: una forma de mirar el mundo donde lo colectivo importa más que lo individual, y donde el conocimiento se ponía al servicio de la comunidad.

Y sin embargo, vivimos en tiempos donde se desdibuja la identidad nacional, donde se celebra más lo extranjero que lo propio, donde a veces parece que hacer patria está pasado de moda. Carlos Monsiváis nos lo advirtió: “la identidad no se hereda, se construye”. Y hoy, esa construcción pasa por mirar hacia nuestras raíces, no como un acto romántico, sino como una decisión política.

Por eso tiene razón la presidenta Claudia Sheinbaum cuando insiste en reivindicar nuestro pasado indígena, en visibilizarlo, en darle lugar en la agenda pública. Porque defender la memoria histórica también es defender el presente del campo, de las comunidades originarias, de los pueblos que siguen sosteniendo este país con dignidad, a pesar del olvido.

El proyecto Humanismo Mexicano, como parte de una política de Estado, no es solo un homenaje. Es una invitación a construir futuro desde la raíz, a dejar de vernos con los ojos de otros, a reconciliarnos con la tierra que somos. En tiempos de confusión global, cuidar nuestras raíces no es encerrarse: es afirmarse para abrirse al mundo con dignidad.

Hacer patria, hoy, es cuidar lo que nos hace pueblo.

admin

Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.

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