EL “PARAÍSO TURÍSTICO” DE TRUMP EN GAZA: NEGOCIO SOBRE RUINAS Y SIN VOZ PALESTINA

La propuesta del expresidente estadounidense Donald Trump de transformar la Franja de Gaza en un polo turístico de lujo volvió a colocarse en el centro del debate internacional. Presentado recientemente en foros económicos y diplomáticos, el plan plantea la construcción de rascacielos, hoteles, zonas de libre comercio y proyectos inmobiliarios en la costa mediterránea del enclave palestino, con la promesa de convertirlo en un motor económico regional.

Sin embargo, detrás del discurso de modernización y prosperidad, la iniciativa ha sido recibida como un proyecto profundamente polémico. Analistas, organizaciones de derechos humanos y voces palestinas coinciden en que el plan se diseñó sin consultar a la población local y que prioriza intereses geopolíticos y económicos sobre los derechos de quienes habitan Gaza.

La propuesta forma parte de una visión más amplia que imagina a Gaza como un espacio reconfigurado bajo supervisión internacional, con megaproyectos de infraestructura, turismo y tecnología. En algunos documentos y reportes asociados al plan, se contempla incluso la reubicación de parte de la población durante la reconstrucción, una idea que ha sido interpretada como una forma encubierta de desplazamiento forzado.

Para los palestinos, la narrativa del “nuevo Gaza” no representa una oportunidad, sino una amenaza. La idea de convertir un territorio devastado por la guerra en un destino turístico de élite es vista como un intento de borrar la historia, la identidad y el derecho al territorio de su población. Desde esta perspectiva, el proyecto no es una iniciativa de desarrollo, sino una operación política que transforma la tragedia en oportunidad de negocio.

El debate ha trascendido el plano económico y se ha instalado en el terreno moral y jurídico. Especialistas en derecho internacional han advertido que cualquier plan que implique el desplazamiento de civiles o la reconfiguración territorial sin consentimiento puede violar normas fundamentales del derecho humanitario. Además, la reacción en Gaza ha sido de rechazo frontal: para muchos habitantes, el territorio no es un espacio a “rediseñar”, sino un hogar irrenunciable.

El caso revela una tensión estructural en la política internacional contemporánea: la tendencia a presentar proyectos de reconstrucción como iniciativas técnicas o económicas, mientras se ignoran las dimensiones históricas, humanas y políticas del conflicto. En el discurso de Trump, Gaza aparece como un espacio vacío, listo para ser transformado; en la realidad, es un territorio habitado por más de dos millones de personas cuya voz ha sido sistemáticamente marginada.

Más que un plan urbanístico, la propuesta de convertir Gaza en un paraíso turístico expone una lógica colonial renovada: la idea de que la reconstrucción puede imponerse desde fuera, sin considerar a quienes han vivido, resistido y sobrevivido en ese territorio. En ese sentido, el proyecto no solo redefine el futuro de Gaza, sino también los límites éticos de la política global.

admin

Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.

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