El resplandor de la locura: por qué El Resplandor sigue perturbando generaciones

Cuando Stanley Kubrick estrenó The Shining (El Resplandor) en 1980, la crítica quedó desconcertada. Lejos de ser una adaptación convencional de la novela de Stephen King, la película se presentó como un laberinto visual y psicológico en el que la lógica se descompone y la cordura se evapora. Décadas después, El Resplandor no solo ha sobrevivido al paso del tiempo: se ha convertido en un objeto de culto, análisis y obsesión.

Una obra que el espectador no controla
La cámara de Kubrick, siempre flotante, siempre amenazante, nos introduce al Hotel Overlook como si también nosotros estuviéramos atrapados ahí. Jack Nicholson, en una de las actuaciones más memorables del cine, no interpreta a un hombre que enloquece, sino a uno que parecía estar destinado a perderse desde el principio. El terror aquí no proviene de lo sobrenatural, sino de lo inevitable.

Kubrick jamás quiso que entendiéramos del todo lo que estábamos viendo. Cada plano, cada detalle –desde la alfombra geométrica hasta el inexplicable cuarto 237– está pensado para inquietar, no para explicar. De ahí que El Resplandor sea una de las películas más discutidas y teorizadas en la historia del cine. Algunos la ven como una metáfora del genocidio indígena, otros como una confesión velada del alunizaje falso, y otros más, simplemente como la historia de un hombre quebrado por la soledad y la violencia heredada.

Más que terror, un rito cinematográfico
El Resplandor marcó un antes y un después para el cine de horror. No solo por su tratamiento estético, sino por la forma en que redefinió la narrativa del género. En lugar de sustos, ofrece atmósfera; en lugar de monstruos, muestra a un padre con una máquina de escribir y una sonrisa rota. En tiempos donde el terror muchas veces se resume a efectos especiales y fórmulas gastadas, el filme de Kubrick sigue siendo una anomalía: una experiencia que se queda en la mente como un eco incómodo.

Legado intacto
Hoy, más de 40 años después, El Resplandor sigue proyectándose, reinterpretándose y atormentando a quienes se atreven a recorrer sus pasillos. No es una película que envejece: es una maldición cinematográfica que se renueva con cada visionado.

admin

Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.

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