Misterio en EE.UU.: cinco científicos vinculados a investigación de ovnis desaparecen o mueren en ocho meses y las teorías de conspiración se disparan

Un general retirado y una ingeniera de la NASA figuran entre los desaparecidos; un congresista republicano advierte sobre un “problema de seguridad nacional” mientras crece la presión por la desclasificación de archivos sobre fenómenos aéreos no identificados

Lo que comenzó como una serie de sucesos aislados se ha convertido en una madeja de misterio que mantiene en vilo a la comunidad científica y a los entusiastas del fenómeno ovni. Entre junio de 2025 y marzo de 2026, cinco destacados científicos estadounidenses vinculados a programas de tecnología avanzada e investigación de fenómenos aéreos no identificados han desaparecido o muerto en circunstancias que, para muchos, resultan, cuanto menos, inquietantes .

El primer caso tuvo lugar el 22 de junio de 2025, cuando Monica Jacinto Reza, ingeniera aeroespacial de 60 años que trabajaba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, desapareció mientras realizaba una caminata en el Bosque Nacional Ángeles, en California. Según sus acompañantes, Reza se encontraba a apenas diez metros de ellos cuando, en un descuido, se esfumó sin dejar rastro. La ingeniera investigaba Mondaloy, una superaleación de níquel utilizada en motores de cohetes que los teóricos de la conspiración relacionan con la llamada “tecnología de memoria de forma” atribuida a los objetos voladores no identificados .

El segundo capítulo ocurrió el 27 de febrero de este año. William Neil McCasland, de 68 años, general retirado de la Fuerza Aérea y exdirector del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, abandonó su apartamento en Albuquerque, Nuevo México, con una mochila roja y una pistola, sin teléfono ni cartera, y desde entonces no se ha vuelto a saber de él. McCasland había supervisado proyectos clasificados en la Base Wright-Patterson, una instalación que la cultura popular ha vinculado durante décadas con el almacenamiento de restos del legendario incidente de Roswell .

Pero las desapariciones no son el único hilo de esta madeja. En el mismo periodo, tres científicos murieron en circunstancias violentas. El 15 de diciembre de 2025, Nuno Loureiro, físico de 47 años y director del Centro de Ciencia y Fusión de Plasma del MIT, fue asesinado de un disparo en las afueras de Boston en un ataque que las autoridades describieron como un “ajusticiamiento” . Loureiro era una autoridad mundial en modelos de turbulencia de plasma, un campo de estudio crucial para entender los sistemas de propulsión avanzados.

El 16 de febrero de 2026, Carl Grillmair, astrofísico de 67 años del Instituto Tecnológico de California, fue hallado muerto en el porche de su casa en el condado de Los Ángeles, con un disparo en el pecho. El presunto homicida, un hombre de 29 años con antecedentes, había sido detenido dos meses antes por allanar la propiedad de Grillmair, pero un juez ordenó su liberación. Grillmair saltó a la fama en 2011 por detectar vapor de agua en la atmósfera de un exoplaneta, un logro que le valió un premio de la NASA .

El último caso se conoció el 17 de marzo pasado, cuando el cuerpo de Jason Thomas, un científico de 45 años especializado en biología química que trabajaba para el laboratorio farmacéutico Novartis y mantenía contratos con el Departamento de Defensa, fue hallado sin vida en un lago de Massachusetts. Las autoridades descartaron inicialmente la hipótesis del homicidio, aunque las circunstancias del hallazgo han alimentado todo tipo de especulaciones .

Lo que une a estos cinco profesionales, más allá de la cercanía temporal de los hechos, es la naturaleza de su trabajo. Todos ellos estaban involucrados, en distintos niveles, en áreas de investigación que los teóricos de la conspiración consideran clave para el estudio de tecnología de origen desconocido. Desde la supervisión de programas de recuperación de tecnología no identificada hasta la investigación de materiales con propiedades exóticas, pasando por la física del plasma, la búsqueda de vida extraterrestre y la biología molecular aplicada a contextos de defensa .

La coincidencia no ha pasado desapercibida para el congresista republicano Tim Burchett, una de las voces más prominentes en el movimiento por la desclasificación de información ovni en Estados Unidos. Burchett calificó el caso de McCasland como un “grave problema de seguridad nacional” y sugirió que la concentración de estos incidentes en un área tan específica del conocimiento merece una investigación a fondo .

El misterio se agiganta si se atiende al contexto político. Apenas seis días antes de la desaparición de McCasland, el presidente Donald Trump anunció a través de sus redes sociales que ordenaría al Pentágono y otras agencias federales comenzar a identificar y liberar archivos gubernamentales relacionados con ovnis, fenómenos aéreos no identificados y vida extraterrestre. Tras la desaparición del general, el proceso de desclasificación parece haber entrado en un compás de espera .

Mientras tanto, la versión oficial mantiene la cautela. La Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios (AARO) del Pentágono aseguró el año pasado que no existe evidencia verificable de que ningún avistamiento de fenómenos anómalos no identificados represente actividad extraterrestre o que el gobierno tenga acceso a tecnología de ese origen .

Las investigaciones oficiales sobre cada uno de estos casos siguen abiertas. En los de Loureiro y Grillmair hay sospechosos identificados y procesos judiciales en marcha, aunque los motivos permanecen sin esclarecer. Los de Reza y McCasland se mantienen como casos de personas desaparecidas, sin avances significativos reportados en las últimas semanas. El de Thomas, para la policía local, no presenta indicios de criminalidad, una conclusión que la comunidad de seguidores del fenómeno ovni se resiste a aceptar.

Para los defensores de la transparencia, estas muertes y desapariciones representan una advertencia sobre los riesgos que enfrentan quienes se acercan demasiado a secretos que, según creen, el gobierno no está dispuesto a revelar. Para los escépticos, no son más que una cadena de trágicas coincidencias amplificadas por la imaginación colectiva en un momento de particular sensibilidad sobre el tema.

Lo que sí es un hecho es que la presión por la desclasificación de archivos no ha cesado. En febrero pasado, el propio Trump volvió a referirse al asunto, y los congresistas que lideran esta cruzada prometen mantenerla viva. Mientras tanto, los expedientes de McCasland, Reza, Loureiro, Grillmair y Thomas siguen abiertos, a la espera de que alguien pueda explicar qué une sus destinos más allá de la especulación.

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Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.

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