‘Una película de Maincra’: Éxito global, caos en salas y el fenómeno fan del año
La adaptación cinematográfica del videojuego Minecraft ha causado un auténtico terremoto en la taquilla global desde su estreno el pasado 4 de abril. Con Jack Black y Jason Momoa al frente del elenco, la cinta ha roto todos los pronósticos: más de 300 millones de euros recaudados a nivel mundial en su primer fin de semana la convierten no sólo en el mejor debut del año, sino también en la adaptación de videojuego más taquillera hasta la fecha.
En España, el impacto no ha sido menor. Con más de 5 millones de euros de recaudación y una media de casi 6 mil euros por sala, Una película de Maincra se consolida como un fenómeno intergeneracional que ha arrastrado tanto a niños como a adultos nostálgicos al cine. Sin embargo, el éxito también ha venido acompañado de situaciones inesperadas.
En el Reino Unido, por ejemplo, las proyecciones han tenido que enfrentarse a comportamientos desmedidos de algunos grupos de fans: desde coreografías espontáneas hasta gritos y euforia que obligaron a intervenir a la policía en algunas funciones. Varios cines han tenido que emitir comunicados solicitando a los espectadores mantener la calma y respetar la experiencia cinematográfica de los demás asistentes.
Este tipo de reacciones ha reavivado el debate sobre cómo las películas basadas en videojuegos movilizan a audiencias con niveles de fervor comparables a los de los conciertos o los partidos de fútbol. No es casualidad: Minecraft, con más de 300 millones de copias vendidas desde su lanzamiento en 2011, es el videojuego más popular del mundo.
La cinta, que mezcla acción real con animación y efectos visuales que respetan el estilo pixelado del juego original, también ha sido elogiada por su humor meta, referencias internas al universo del juego y un guion que equilibra aventuras épicas con mensajes sobre comunidad, creatividad y trabajo en equipo.
Este fenómeno recuerda a los primeros grandes éxitos del cine familiar del siglo XXI, cuando títulos como Harry Potter o Shrek reventaban las taquillas.
Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.
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