La Ciudad de México se hunde 2 centímetros al mes y la NASA vigila el “escenario de desastre” desde el espacio
El hundimiento de la capital mexicana, que lleva más de un siglo en curso, alcanza velocidades alarmantes de hasta 24 centímetros anuales en algunas zonas, mientras el satélite Nisar de la agencia espacial estadounidense documenta en tiempo real la lenta pero imparable agonía del suelo que sostiene a una de las ciudades más pobladas del planeta.
CIUDAD DE MÉXICO — Caminar por el Zócalo capitalino es una experiencia que desorienta incluso a los más familiarizados con el centro histórico. La Catedral Metropolitana, con sus imponentes agujas, se inclina visiblemente hacia un lado. El Santuario Metropolitano, conocido como la Iglesia de la Encomienda, se tuerce en dirección contraria. El Palacio Nacional, residencia del poder ejecutivo, también parece fuera de plomada. No es una ilusión óptica ni un efecto arquitectónico buscado. Es la evidencia más visible de un fenómeno que amenaza con devorar a la megalópolis: la Ciudad de México se hunde, y lo hace a una velocidad que ya no puede ignorarse .
De acuerdo con datos publicados este viernes por The Guardian, el hundimiento alcanza en algunas zonas de la capital hasta 2 centímetros por mes, lo que equivale a 24 centímetros anuales . Lo que durante décadas fue considerado un problema de ingeniería local se ha convertido en una crisis de proporciones monumentales, y ahora cuenta con un testigo de lujo desde el espacio.
El satélite Nisar, una misión conjunta entre la NASA y la agencia espacial india ISRO, ha enfocado sus radares de última generación sobre el valle de México. A diferencia de los sensores anteriores, Nisar puede detectar cambios minúsculos en la superficie terrestre incluso a través de nubes espesas o vegetación densa. “Nisar lleva las observaciones de imágenes de radar de la Tierra al siguiente nivel”, explicó Marin Govorčin, científico del laboratorio de propulsión a chorro de la NASA . “Verá cualquier cambio, grande o pequeño, que ocurra en la Tierra semana tras semana. Ninguna otra misión de imágenes puede afirmar esto”, agregó.
La situación ha sido calificada por expertos como un “escenario de desastre” en cámara lenta. El hundimiento es consecuencia directa de la sobreexplotación del acuífero sobre el que se asienta la ciudad. Durante más de un siglo, la capital ha bombeado agua subterránea a un ritmo muy superior al de recarga natural, lo que provoca que los estratos de arcilla sobre los que se construyó la cuenca se compriman irreversiblemente. El problema no es nuevo, pero la tecnología de Nisar ha revelado su verdadera magnitud .
Los datos del satélite muestran que el hundimiento no es uniforme. Mientras algunas zonas coloniales del centro se hunden a un ritmo relativamente constante, áreas más recientes en el oriente y norponiente de la ciudad presentan tasas de subsidencia mucho más aceleradas. Esto ha provocado fracturas en el subsuelo, fugas en tuberías de drenaje y agua potable, y daños estructurales en miles de edificios.
David Bekaert, miembro del equipo científico de Nisar, señaló que el satélite ha logrado penetrar áreas en las afueras de la ciudad que antes eran difíciles de estudiar debido al terreno complejo . “Imágenes como estas son solo el comienzo”, declaró Bekaert. “Vamos a ver una afluencia de nuevos descubrimientos en todo el mundo”, añadió.
Las autoridades capitalinas han reconocido durante años la gravedad del problema. Se han implementado programas para reducir la extracción de agua del subsuelo y aumentar la recarga artificial del acuífero, pero los resultados han sido limitados frente a la magnitud de la demanda hídrica de una zona metropolitana que supera los 20 millones de habitantes.
El biólogo y divulgador científico mexicano Aldo Ruíz, consultado sobre el hallazgo, advirtió que “el hundimiento es la expresión geológica del colapso hídrico” y que “no hay remedio tecnológico sencillo” para revertirlo. “Reducir la velocidad del hundimiento exige reducir drásticamente la extracción de agua subterránea, y eso requiere una reconversión profunda de la agricultura periurbana y de los usos industriales y domésticos del agua”, explicó Ruíz a través de sus redes sociales.
La comunidad científica internacional sigue de cerca el caso de Ciudad de México, considerándolo un laboratorio natural para entender el impacto de la urbanización masiva sobre los acuíferos. Por ahora, la capital sigue hundiéndose, centímetro a centímetro, bajo la atenta mirada de los satélites que registran, sin pausa, su lento declive.
Un partido revolucionario, si en verdad está empeñado en hacer y dirigir la revolución no puede renunciar al legítimo derecho de ser o formar parte de la vanguardia histórica que en efecto haga y dirija la revolución socialista en nuestro país, es de hipócritas decir que se lucha sin aspirar a tomar el poder y mucho más aún si se pretende desarrollar lucha diciendo que no busca ser vanguardia cuando en los hechos se actúa en esa dirección.
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